Trío de Corazones

Años a, no recuerdo en qué ciudad ni en qué circunstancias, mi otro Yo me preguntó por mis fantasías sexuales.
-Sexual o no, yo sólo tengo una -contesté.
-¿Y bien?
-Bueno, pues resulta que me considero poliándrica -este término me lo adjudicó él-, con lo cual, puedo amar a dos personas a la vez. No tienen por qué ser hombres -sonreí con un guiño-, pero mi fantasía es vivir con los dos a los que quiero. De una forma legal, ya sabes. Levantarme cada mañana y tenerlos a mi lado. A los dos. Desayunar juntos y despedirlos con la mano, mientras ellos se alejan de casa, camino al trabajo. En cuanto a mí, trabajaría en casa, en un invernadero enorme en el jardín (viviríamos en una masia restaurada), cultivando extrañas especies vegetales, con las que abastecería a los hoteles y floristerías de la zona. Yo misma haría los repartos por la mañana, en mi viejo 4x4 lleno de barro. A primera hora de la tarde llegaría mi segundo marido (en orden, pero no en importancia), pulcro e inmaculado de la oficina, y me sorprendería en el invernadero, pegajosa por la alta humedad del ambiente, con las manos y la cara llenas de tierra, transplantando, abonando, o quién sabe qué. Y me haría el amor contra los estantes atestados de flores, cogiéndome de la cintura por detrás y levantándome las faldas hasta taparme la cabeza. Sonrientes y agotados, nos ducharíamos y nos prepararíamos unos granizados para tomarlos mientras hacemos la cena. Mi primer marido llegaría a la hora de cenar. Con él, que es un poco hippie, tendría largas sesiones de sexo tántrico nocturno, mientras mi otro hombre duerme o nos observa extasiado. Y así, día tras día, seríamos felices y comeríamos perdices.
-Me gusta. Pero tú ya tienes un marido. ¿Quién sería el otro?
-Nooooooo..... ¡no te lo voy a decir!

